Hace ya unos cuantos años (Seguramente entre diez y quince, que es la medida standard cuando entras en la treintena) hicieron en la MTV un homenaje a The Cure, que más que de homenaje, podría calificarse de insulto. En él versionaban sus hits otros músicos que poco o nada tenían que ver con el grupo que entonces era la banda sonora de mi vida. Recuerdo a unos Deftones completamente desubicados, al cantante de AFI luciendo orgulloso un tatuaje de “Boys Don´t Cry” mientras destrozaba la canción (imagino que le darían esa, he tratado de olvidar todo lo posible al respecto pero me acuerdo del tatuaje o a lo mejor me lo estoy inventando) y a Blink 182, con los que Robert había colaborado en ese momento a lo Nick Cave con Kylie Minogue, pero con resultado infinitamente peor.

En resumen, toda la gala era un horror digno de arrancarse los ojos y los oídos, pero entre todo ese espanto había alguien que sí rindió su personal homenaje a Robert Smith y los suyos, Marilyn Manson, el presentador. Todavía no había comenzado su transformación en parodia de sí mismo y verlo frente a Robert sacando la lengua y a este devolviéndole el gesto en un extraño juego de espejos, fue una de las pocas imágenes dignas de recordar. Ese momento y sobre todo, esta frase de Mr. Manson sobre el efecto que los Cure causan en sus fans:

“The Cure no es como el resto de los grupos, tras escuchar un disco suyo por primera vez tienes la necesidad de salir corriendo a tu tienda de discos y comprarte toda su discografía”

Entiéndase esta cita como la idea general que queda en mi mente tras tantos años y entiéndase también, que no voy a molestarme en buscar ese programa y menos todavía a verlo, si no hay que volver nunca al lugar en el que fuiste feliz, menos todavía al que te horrorizó.

Manson definió exactamente lo que me sucedió con The Cure tras escuchar “Starring at the sea”, esa maravilla de recopilatorio que me dejaron en el único bar de mi pueblo donde ponían buena música y que me hizo salir corriendo a mi tienda de discos con mis ahorros en la mano. Mi cerebro funciona por asociaciones y a la hora de sentarme a escribir sobre “Viajes” el último trabajo de Álvaro Ortiz, las palabras del Antichrist Superstar han vuelto a mi mente al instante, ya que tras leer “Cenizas” (lo primero que cayó en mis manos del autor) volví a mi tienda de cómics y encargué todo lo que había publicado. Incluso, un tiempo después hice algo voluntariamente que sólo hago por compromiso con conocidos, fui a la presentación de su cómic “Rituales”. Y como un friki, llevé todos sus álbumes para que me los firmara, ante lo que Álvaro flipó bastante, la verdad.

PORTADA CÓMIC CENIZAS

A donde quiero llegar tras esta larga y posiblemente innecesaria introducción: Me encanta la obra de Álvaro Ortiz, así que el lanzamiento de un nuevo trabajo suyo me alegra la existencia. Aunque, al leer la sinopsis de “Viajes” pasé en menos de un segundo de la felicidad al pánico. ¡Odio los libros de viajes!

Tengo unos cuantos, la mayoría son regalos de amigos que al leer esto no creo que se ofendan demasiado, porque si me regalaron un libro de viajes es que no somos realmente amigos. Spielberg, Stephen King y Mortadelo fueron mi educación artística más primaria, lo que me lastró de por vida convirtiéndome en un yonqui de la trama. Aunque sea facilona, aunque sea absurda, aunque sea repetitiva, la necesito. En los libros de viajes comienzo a leer fascinado sobre las cataratas de Iguazú, pero al cabo de un rato Agatha Christie se apodera de mí y necesito que empujen a alguien por las cataratas y comience la investigación, que todo vaya hacia algún sitio. Me encantan las Road Movies (¿“Cenizas” cuenta como Road Cómic?) y he leído autores cuyos libros podrían llegar a considerarse de viajes, Thoreau, Kerouac, London… pero que en el fondo, se centraban más en el viaje interior que en el físico y en la mayoría de los casos estaban al servicio de una trama. Y en este punto el lector dirá: “Es que esa es la clave de un libro de viajes, lo que aprende el personaje… gilipollas”. Pues sí, pero un libro de viajes más “puro” se centra en describirte el espacio, en aturdirte con datos interminables que no responden a ninguna trama mas que al hecho mismo de viajar y yo, me acabo aburriendo.

Aunque necesite la trama, también leo ensayo e historia sin tirarme por la ventana, porque mi problema con los libros de viajes es que no soy un viajero, soy un turista. El viajero disfruta el hecho mismo de viajar, disfruta el descubrimiento continuo que supone el viaje, se deja llevar por él, lo saborea y no desea que acabe. El turista sólo piensa en regresar a su casa desde el preciso momento en que pone un pie fuera de ella.

Así que abrí “Viajes” con todo el temor del mundo y ya en las primeras páginas, mi resistencia se fue debilitando. Antes de la mitad del libro ya me tenía comiendo de su mano. No sé si exclamar ¡Maldita sea! o ¡Aleluya!, pero me he leído un libro de viajes.

La lectura de “Viajes” es increíblemente entretenida, teniendo en cuenta que nos muestra las escapadas dibujadas de su autor por trabajo u ocio. Me resulta increíble que el álbum sea tan entretenido porque este planteamiento podría haber sido una de las experiencias que más odio en este mundo, ver fotos de las vacaciones de mis amigos. Pero esto no sucede, gracias a que el ingrediente principal es el humor, que a diferencia de anteriores trabajos donde era más negro, aquí tiene un punto más naif, pero no por ello menos efectivo. He repetido hasta la saciedad (Y lo seguiré haciendo aunque sea una obviedad) que en un buen cómic el texto tiene que aportar una información nueva que no aporta el dibujo y viceversa. En esta ocasión Álvaro remata muchos de sus dibujos con anotaciones explicativas divertidísimas, creando algo tan complicado como es un código propio en el que el lector entra de maravilla y pasa a la siguiente página esperando como rematará el próximo dibujo. Como odio hacer spoilers, en las páginas que pongo a continuación se ve un ejemplo de esto. ¿A que explicar los mecanismos del humor como acabo de hacer, es lo menos gracioso del mundo? Ya, perdón, a la hora de escribir el humor y yo no nos entendemos. Es por eso que valoro tanto cuando alguien lo tiene y encima con un estilo propio, vamos, que me da envidia malsana.

FRAGMENTO VIAJES DE ÁLVARO ORTIZ

Pero el cómic no es sólo una sucesión de gags, es un libro de viajes y como tal también cumple las que creo que son sus funciones, la divulgativa y la de provocar curiosidad, ganas de coger la mochila y recorrer el mundo. Sin olvidar una tercera función más propia de la ficción: crear una atmósfera que te traslade a los espacios (Vale vale, esto también lo hacen los libros de viajes)

Personalmente, en la parte de Noruega tuve esa sensación agradable de dar un paseo por los lagos y entre casas de madera en ese pueblo increíble que tiene más librerías por habitante del mundo (¡El paraíso de Borges existe!). Tuve ganas de explorar, de perderme, de viajar a fin de cuentas y no de hacer turismo. En su parte más didáctica, las curiosidades siguen en el estilo de Álvaro y se combina la visita obligada a los sitios más turísticos de cada destino con la peregrinación a lugares más frikis y los hallazgos que van surgiendo por el camino. Así hay una visión mucho más interesante que la que encontraríamos en una guía al uso o en un documental de la 2 a la hora de la siesta. Ese espíritu de explorador que todos teníamos de pequeños viendo a Indiana y Quatermain permanece intacto en Álvaro Ortiz. En todos los trabajos del autor, el viaje es parte fundamental de la historia y aquí confirmamos que la obsesión está bien documentada. Además, los que ya hayan leído sus anteriores cómics disfrutarán encontrando cómo y dónde nacieron algunas de sus ideas.

También es de celebrar que la música vuelva a aparecer tras no haber ni una referencia melómana en “Rituales”.

Uno de los mayores contras es que en algunos viajes te quedas con ganas de más. Esto sucede especialmente en el caso de África, ese continente del que el resto del mundo hablamos como si fuera un país (yo incluido). Falta mucha información en Camerún, pero claro, esto no es una guía de viajes y a veces ese detalle es la virtud y al mismo tiempo el mayor defecto del libro, que Álvaro dibuja lo que puede cuando tiene tiempo y/o lo que le da la gana cuando le apetece, así que hay un par de momentos en los que te quedas con la sensación de un planteamiento sin desarrollo que tuvo que dar mucho más de sí, pero del que no hay más en los diarios.

Atendiendo a sus otros cómics y dejando volar mi imaginación hacia el territorio de las teorías conspiranoicas, creo que en esos vacíos es donde hay sacrificios rituales y toda clase de actos truculentos, perpetrados por sociedades secretas internacionales que no se pueden plasmar en el libro hasta que prescriban unos cuantos delitos. Dentro de unos veinte años aparecerá “Viajes ocultos de Álvaro Ortiz” y la obra estará completa.

PERSONA/JE

Como en el caso de Paco Roca, donde cuesta diferenciar donde acaba el hombre en pijama y empieza el autor, en “Viajes” desaparece la línea entre el Álvaro personaje y el Álvaro dibujante. Nos introduce en su entorno, nos lleva a su pueblo donde nos presenta a sus padres, desfilan amigos y familiares por cada viaje junto a compañeros de profesión y al final, uno tiene la sensación de que ha pasado por ese ritual tan español (que practicamos todos) de enseñarle la casa a las visitas.

Dibujante ambulante*

(Lo sé, este título es de un libro de Paco Roca, pero es que encaja muy bien aquí)

Podríamos decir que el trazo de Álvaro es expresionista (no me lapiden todavía) entendiendo como expresionismo, que su estado de ánimo y lo que le transmiten tanto las personas como los espacios se refleja en el dibujo. Vamos, que a sus amigos los dibuja con cariño y los espacios donde disfrutó de buenos momentos transmiten buen rollo.

Me encanta que él mismo admita al inicio del cómic lo mal que están algunos dibujos (dos o tres) y cómo le sorprende lo bien que están otros. Si tuviera que hacer un “medidor de dibujo” para explicar el estilo del cómic, creo que podría ser de la siguiente manera;

Para el lector que conoce su obra:

    -Desde el boceto casi infantil de cuatro líneas que no sabrías muy bien que es si no fuera por las anotaciones hasta los geniales dibujos a página completa de “Cenizas”.

Para el lector que NO conoce su obra:

    -Desde el boceto casi infantil de cuatro líneas que no sabrías muy bien que es si no fuera por las anotaciones hasta los elaborados dibujos de “Paul Va a Trabajar Este Verano”.

Esta evolución en el dibujo nos da la posibilidad de ver cómo va buscando su estilo, como no para de hacer oficio para que la inspiración le pille trabajando.

Ha llegado a su destino

“Viajes” es un libro de viajes, pero es un libro de viajes de Álvaro Ortiz.

Me voy de viaje (¡Joder con el Karma!)

A veces el universo es extrañamente irónico y cuando tenía casi acabada esta crítica, mi novia me regaló un viaje sorpresa a Oporto. Y curiosamente, aterricé en la ciudad con una tranquilidad pasmosa para lo que soy yo. Nos perdimos entre sus maravillosas fachadas de azulejos durante una semana y no pensé en ningún momento en volver a casa. Es más, al volver por primera vez en mi vida, me dio una depresión postvacacional de espanto.

Ahora que lo pienso, he estado en más de la mitad de los destinos de “Viajes”, a lo mejor no soy tan turista a fin de cuentas.

PÁRRAFOS QUE IBAN A ENTRAR EN EL ARTÍCULO Y NO ENTRARON:

-…pero no sé de qué me sorprendo, se llama “Viajes” ¿De qué va a ir si no? ¿De viajes de ácido? ¿De viajes astrales? tampoco había que ser muy listo para…

-Me he reído mucho con lo de: pasa a la página xx para ver el paisaje de xxxxx Me recuerda a los libros de sigue tu aventura que leía de pequeño y a esa obra cumbre de la literatura llamada “Guía para la vida de Bart Simpson” que me regalaron en…

-¿A quién se parece con esa barba? Mis acompañantes empezaron a enumerar famosos barbudos pero no era ninguno de esos, no fue hasta un rato después mientras cenábamos cuando caí ¡Valle-Inclán!

Todas las imágenes utilizadas son propiedad de Astiberri

Lo que sonaba mientras acababa de escribir este artículo es (después de The Cure) mi grupo favorito de todos los tiempos, Madrugada. Lo obvio para un artículo de Álvaro Ortiz habría sido poner a los Pixies, pero los hijos que no tuvieron Nick Cave y PJ Harvey creo que también le van bien: