Las expectativas son una mierda.

Sí, porque rara vez se cumplen y en este caso era muy difícil, por no decir imposible, que me quedara satisfecho con “La chica miedosa que fingía ser valiente muy mal”. Mi devoción por Barbijaputa había construido el Everest de las expectativas.

Me encanta Barbi porque lo único que hace en sus artículos es algo que parece en peligro de extinción, usar el sentido común. Odio tener que utilizar esta expresión, ya que cierto individuo que preside el gobierno de este país desde hace ya demasiado tiempo la ha desgastado hasta casi convertirla en lo contrario, pero obviemos por un momento el sentido común en boca de Mr. M y detengámonos en su significado sin contaminar:

“La expresión sentido común describe las creencias o proposiciones que benefician a la mayoría de una sociedad”

Gracias Wikipedia, con esta definición se podría resumir el trabajo de Barbijaputa como periodista, porque luchar por el feminismo hoy en día, es una cuestión de sentido común que todos tendríamos que defender. Puntualizaré que el feminismo no beneficia a la mayoría de la sociedad, beneficia a toda la sociedad.

En sus artículos Barbi señala los problemas, dónde nacen, cómo combatirlos y cuál es nuestra responsabilidad en los mismos, que a grandes rasgos, es lo que yo entiendo que debería ser el periodismo, en esta época de titular polémico fácil y nula reflexión.

Es un hecho que el mundo es masculino, es una realidad que el heteropatriarcado ha dictado y dicta las normas por las que se rige esta sociedad, negarlo sería como decir que el agua no moja y el sol no calienta. A estas alturas de la película, es indiscutible que la revolución será feminista o no será, como tristemente venimos comprobando desde la revolución francesa. Si alguien está leyendo esto y no está de acuerdo, es que todavía no ha abierto los ojos y necesita con urgencia unas gafas moradas.

Yo todavía estoy acostumbrándome a las mías, creía que con haber tenido pluma en mi adolescencia y haber jugado al jovencito ambiguo con el pelo de colores ya te daban el carnet de feminista, pero no, me queda mucho machismo que purgar. He disfrutado y disfruto de las ventajas de ser hombre y gracias a Barbijaputa y sus coetáneas,  cada vez soy más consciente de mis injustos privilegios.

Y para quien ahora mismo se pregunte de qué privilegios hablo:

Y para quien no le apetezca leer, bueno, si no te apetece leer no sé qué demonios haces en esta web, pero también puedes acercarte al funcionamiento de los privilegios en este vídeo.

“Todas las personas tenemos la capacidad de reconocer donde están nuestros privilegios”

Además, a lo largo de mi vida siempre he valorado a cualquiera que ampliara mis conocimientos, que me obligara a replantearme mi concepción del mundo y Barbi es la culpable de que me comprara “Feminismo para principiantes” (del que hablaré en otro artículo) y de que mi dieta literaria sea ahora más equilibrada entre autoras y autores.

Dicho esto ¿Se entiende ya la envergadura de mis expectativas?

Vamos a por la novela.

“La chica miedosa que fingía ser valiente muy mal” nos narra las vivencias de Bárbara, una veinteañera de un pueblo del sur de España, que se traslada a Madrid para cumplir su sueño de trabajar como azafata en una aerolínea. En su camino a la madurez conoceremos sus relaciones familiares, sentimentales y cómo no laborales, donde pronto descubrirá que su idílica idea de recorrer el mundo de vuelo en vuelo, tienes más sombras que luces.

Estamos frente a un “coming of age”, perdón por el anglicismo repelente pero es que en español me suena peor todavía, aunque voy a hacer un esfuerzo por acostumbrarme a usarlo,  estamos ante una “novela de aprendizaje”.

En este subgénero entro realmente fácil y si Barbi me da la réplica, me encantaría que me ayudara a hacer una lista de novelas en esta línea, escritas por mujeres.

Escrita en primera persona y a través de flashbacks a su infancia y adolescencia, vamos conociendo a Bárbara y cogiéndole cariño desde la primera página, ya que esa ironía a la que Barbijaputa ya nos tiene acostumbrados, se suma a una gran inocencia en este personaje. Es sencillo identificarse con alguien que se enfrenta a la tarea de encontrar su lugar en el mundo.

Respecto a la estructura, disfruté mucho del principio “In media res”. (Sí, este artículo me está quedando un poco pedante)

La novela va de frente presentando al personaje buscando piso tras romper con su novio. Desde el minuto uno queda claro que esto no es una historia de amor, aunque sí vaya a ser un componente de la misma.

Barbi maneja el ritmo a la perfección, la escritura es ágil y sencilla, sin perder nunca esa ironía ya nombrada que forma parte del espíritu de la novela. Se nota el callo hecho a base de artículos en su capacidad para no perder la atención y el interés del lector. Pese a no tener una trama demasiado definida, el avance es un hecho, la novela se lee de un tirón. Podrá gustar más o menos, pero considero difícil que a alguien le permita aburrirse. Dicho en plata como nos gritaba enérgicamente un profesor de escritura que tuve hace años “¡Dejaos de hostias ya! En una historia para que no te aburras tienen que pasar cosas, que no dejen de pasar cosas, no hay más.”

La comparaciones son odiosas, así que hablaré de referencias, porque la obra de los siguientes autores que voy a nombrar no tiene nada que ver con este libro, pero su estilo sí. Para mí hay un regustillo a Nick Hornby* y en ciertos pasajes de su infancia a Michel Rabagliati**.

*Sí, de nuevo todo hombres ¡Necesito esa réplica con lista de recomendaciones!

**En esta web no se diferencia entre novela y cómic considerando a ambos literatura con exactamente el mismo valor. Para los puristas que se han puesto nerviosos de ira, la ventana se cierra con la equis de la esquina superior derecha, gracias.

Dejando a un lado el estilo y yendo al contenido, la descripción del machista, clasista y rancio en general, mundo de las aerolíneas, es fascinante a la vez que revuelve las tripas. Hay verdad en cada párrafo, es evidente que la autora sabe de lo que habla. Me da igual si se ha documentado o lo ha vivido, esto nunca me ha importado, cuando afirmo que hay verdad me refiero a que todo es creíble, todo está perfectamente armado, cada detalle ayuda a componer un mundo que podría ni existir, pero que Barbi hace que exista. En este caso y atendiendo al goteo de noticias que aparece sobre el mundo de las azafatas, tristemente existe. El humor y el estupor se alternan, solté varias sonrisas, unas cuantas carcajadas y no menos expresiones de desprecio hacia pilotos, coordinadoras y demás fauna voladora. Por no hacer Spoilers, solo diré que hay funciones de las aerolíneas que el ciudadano de a pie desconoce y que resultan cuanto menos moralmente cuestionables.

Como ya he dicho el libro es el proceso de autoconocimento y madurez de su protagonista y por esto mismo hay detalles o más bien, decisiones de la autora a la hora de contar la historia, que no me acaban de convencer. Algunos personajes secundarios se quedan en la superficie, son planos porque solo sirven para aportar más capas a Barbi, para formar su personalidad, pero como personajes individuales no tienen suficiente entidad.

Me gustaría más conocerlos en profundidad, sobre todo a los que poseen conflictos propios dignos de desarrollar dentro de la historia, como su tía Marga o sus padres. Puntualmente los diálogos de algunos personajes son la propia Barbi hablando a través de ellos y al ver las cuerdas de las marionetas no acabo de interesarme completamente por ninguno.

En el caso de EHMMDM (“El hombre más maravilloso del mundo” pareja de Bárbara y uno de los personajes que más peso tiene en la historia) nunca llego a entender por qué es el HMMDM, por qué es el novio ideal. En realidad me sucede todo lo contrario, no tiene nada que haga que me interese por él. Cuando llega la ruptura y el duelo, nada de esto me acaba de afectar, porque ese hombre perfecto solo es perfecto porque Barbi lo dice, yo no lo he visto por ningún sitio, no me ha cautivado de ninguna manera y no siento su pérdida aunque ella la padezca.

En general echo de menos bajar más a los infiernos, echo de menos sentir el dolor físico que produce esa pena infinita de la ruptura. Cuando parece que Bárbara se va a remangar y a meterse en la mierda de lleno es cuando el relato gana, pero no llega a culminar. Soy demasiado dramático, lo sé, pero esta es mi idea de una primera ruptura de verdad.

A la hora de usar las anécdotas o vivencias para hablar del feminismo, es cuando más sentimientos encontrados tengo. De repente Barbi deja de escribir el libro y claramente veo a la Barbi articulista, siento como me dice, vamos a olvidarnos un rato de la trama y de la novela en sí y vamos a hablar de feminismo y aquí me rompo, porque me encantan estos momentos, pero al mismo tiempo hay veces que son muy antinaturales, no están integrados en el relato. Son interesantes y tienen una parte didáctica muy necesaria, pero me sacan completamente. Adoro a Barbi por lo que me dice y al mismo tiempo me he salido completamente de la historia por cómo me lo dice.

También eché en falta más desarrollo y análisis en personajes de derechas como su puntual amiga azafata, muy bien dibujada en su convencionalismo, pero poco explotada. Ese perfil ibérico del “camisetismo político”, ese “es que en mi casa siempre hemos votado así” estaba ahí, pero podía haber dado para mucho más. Esa gente que se va cruzando en tu vida que por educación es de derechas, no por convicción. Esa gente que te cae bien, con la que puedes tener conversaciones sobre casi cualquier cosa, esa gente que no entiendes por qué defienden lo que defienden en política porque a veces, ni ellos mismo lo entienden. Esa gente que cree que la democracia es votar cada cuatro años y que tiene un pequeño temblor en los párpados cuando consigues que se cuestionen los dogmas que su entorno le ha grabado a fuego durante años, esa gente que me hubiera gustado ver más en el libro y que casi no he visto.

Y mientras trato de poner en la balanza lo bueno y malo de esta novela para cerrar esta crítica, miro la portada sobre mi mesa y caigo en algo que no me había siquiera planteado:

¡Es un libro adolescente!

Es un libro adolescente y no lo digo como algo peyorativo, todo lo contrario, es un excelente libro adolescente, es un libro que deberían leer todos los adolescentes. Es un libro que debería leerse obligatoriamente en todos los institutos. Visto desde esta óptica, como primer contacto con el feminismo funciona y todos mis peros, realmente lo hacen más accesible a un público adolescente.

¿Con esto quiero decir que no lo pueda disfrutar alguien con más de dieciocho años? Por supuesto que no ¿Con esto convierto al libro de repente en la mejor novela del mundo? Pues tampoco.

Para ser una primera novela es muy digna, es innegable que en general entretiene y encima no se queda ahí ya que tiene contenido. Abre una carrera a tener en cuenta, pero no es una novela redonda y de eso puede que en parte tengan la culpa mis malditas expectativas.

Las expectativas, son una mierda.

Esperaba “Un día de furia” versión feminista, esperaba una actitud mucho más rupturista. Mi imagen mental de Barbijaputa es una suerte de “La libertad guiando al pueblo” pero protagonizada por Lola Vendetta cortando cabezas catana en mano, pero posiblemente, Barbijaputa sea una chica miedosa que finge ser valiente muy mal, mientras escribe bastante bien.

Lo que sonaba mientras escribía este artículo: