La siguiente historia me la contó un amigo historiador y como soy como soy, los detalles principales de quién, dónde y cuándo componían la misma, se me han olvidado, pero me acuerdo de lo importante, del cómo y el por qué.

Digamos que los… romanos (aunque como ya he dicho podrían ser los persas o cualquier otro imperio) tenían un ritual de guerra al que llamaban “a sangre y fuego”. Consistía en lanzar una jabalina al centro del campo de batalla cuando se encontraban frente a frente con su enemigo, antes de empezar la lucha. Esto significaba que le daban a su adversario la posibilidad de rendirse y servir a Roma o en caso de que este decidiera luchar, masacrarían a todo ser viviente y reducirían la ciudad a cenizas, es decir: a sangre y fuego.   

“Nuestro optimismo no está justificado, no hay señales que nos animen a pensar que algo puede mejorar.” Primera frase de “Rendición”, la nueva novela de Ray Loriga, es igual de lacerante que esa jabalina cortando el aire antes de clavarse en la tierra. Solté entre dientes un “joder” por el impacto, volví a leerla, cogí aire y… Elegí la guerra, elegí a sangre y fuego.

Tras las primeras páginas vinieron automáticamente a mi cabeza los dos principios (y un final) que más me han impactado en mi vida, curiosamente uno de ellos es de otro Ray, con el que poco antes que con Loriga creo que aprendí a leer, no literalmente, claro, pero sí para poder llamarme algo parecido a lector.

“Era un placer quemar” Nada que envidiar, juegan en la misma liga. Entre Rays siempre andó el juego, más allá del préstamo en el nombre de pila.

Mi otro principio predilecto:  “Hoy ha muerto mamá” De este no me puedo resistir a poner las dos siguientes frases “O quizá ayer. No lo sé.”

Arranques así, son la promesa de un buen viaje. Ray apuesta fuerte y sale victorioso, arrasando con todo a sangre y fuego, sin dar un respiro, manteniendo el nivel durante toda la novela, normal que haya ganado el premio Alfaguara.

SINOPSIS

Han pasado diez largos años desde que estalló la guerra, y el matrimonio sigue sin conocer el paradero de sus hijos, sin saber si su país fue el agresor o el agredido. Fuera cual fuese el origen de la contienda, él, hombre de campo, y ella, su antigua patrona, siguen amándose y sus vidas transcurren sencilla y rutinariamente.

Un día un muchacho mudo entra en su propiedad. Al principio lo encierran como a un prisionero, pero acaban por tomarle cierto cariño y, cuando las autoridades comunican que la zona debe ser evacuada y que tienen que poner rumbo a la ciudad transparente, los tres parten juntos. En ese momento el muchacho es bautizado como Julio.

Las puertas de la metrópoli muestran una clara advertencia: el aire mece los cuerpos sin vida de los traidores. En su interior, la ciudad transparente es casi un paraíso que provee a sus habitantes de todo aquello que cualquiera desearía en un hogar: armonía, limpieza y protección. Impera un orden riguroso, una calma autoritaria y una absoluta transparencia: no están permitidos los secretos ni las paredes.

Los medios han repetido hasta la saciedad que estamos ante una novela de ciencia ficción Orwelliana con un toque Kafkiano (y no se equivocan) pero me extraña no haber leído en ningún sitio a Ray Bradbury entre las influencias. Puede que no tenga tanto que ver en el fondo como los dos anteriores, pero sí en la forma. La novela está narrada en primera persona, lo cual siempre da un poco de pavor y más cuando el personaje protagonista de la misma es diametralmente opuesto al autor, bueno, en realidad a la imagen de hombre culto con aspecto de rock star que yo tengo del autor. Loriga no se ha puesto las cosas fáciles a la hora de darle carne a este personaje y contarnos su historia desde las entrañas del mismo. Un hombre criado y educado en el trabajo del campo, cuyo mundo se reduce a la pequeña comarca en la que vive. Un hombre inteligente, pero que sin haber tenido en su momento la educación necesaria, no ha llegado a desarrollar todo su potencial. Un hombre que saca petróleo de la poca formación que le dio su mujer y sobre todo, de la mucha experiencia que le ha dado la vida, pese a las limitaciones que también le ha impuesto.

Medir que sus reflexiones no sean demasiado cerebrales o al contrario, caer en la caricatura y hacerlo simplista o excederse en sus prejuicios y que nos produzca rechazo o tantos y tantos matices en los que acotarlo durante toda la novela para que el personaje sea coherente, me parece una empresa complicadísima. Y ahí es donde reside gran parte de la grandeza de esta novela, en que el personaje, siente, padece y piensa con su propia voz. Ray maneja la medida a la perfección y todo encaja, los pensamientos de este narrador pueden llegar a ser contundentes, toscos y a la vez realmente poéticos, sin romper para nada el origen rudo del protagonista.

A Bradbury le encantaba llevar granjeros a Marte, disfrutaba enfrentando a gente corriente con un mundo nuevo en el que se cuestionaran sus creencias y todo lo que conocían. Gran parte de su obra se basa en como el entorno influye en el individuo, en este aspecto también coincide con el Loriga de “Rendición”, pero sobre todo, lo que más les une es lo más difícil, hacer que un granjero ande, piense, hable y actúe como un granjero.

Creo que en este punto ya puedo quitarme la careta y descubrir uno de los objetivos de este artículo, me encantaría leer a Ray Loriga opinando sobre Ray Bradbury, a ver si se anima a dar la réplica y lo consigo. Aunque, teniendo en cuenta que antes de ganar el premio Alfaguara no tenía teléfono móvil ni mucho menos redes sociales, me da la sensación de que dar la réplica en un blog no va a ser algo que le motive especialmente.

Volviendo a la novela, otro de sus grandes aciertos es no definir el tiempo ni el lugar donde sucede la acción. En ciertos detalles se intuye un avance tecnológico que podría ser mínimamente superior al que conocemos, pero nada que no se esté inventando mientras escribo estas líneas o que directamente ya exista y yo ignore (lo más probable es lo segundo). Esto hace que el mundo que se nos presenta resulte reconocible y cercano, incluso esa simbólica ciudad de cristal llega a resultar factible según nos adentramos en ella. Este espacio es otro protagonista del libro y bebe de distopías como “Un mundo feliz” y “THX” o incluso de películas ahora entrañables por su estética retrofuturista como “La fuga de Logan”.*

*Normalmente no me molesto en diferenciar si las referencias son literarias, cinematográficas o musicales y siendo Ray director y guionista, razón de más para no hacerlo.

“Rendición” tiene elementos de ciencia ficción clásica, pero al mismo tiempo es una historia cien por cien contemporánea, que encaja con los derroteros por los que ha avanzado el género en propuestas como “Black Mirror”.

El futuro cercano y posible del Cyberpunk se nos quedó obsoleto hace mucho y la perversa realidad actual, es una fuente de inspiración suficientemente rica y amenazadora como para que ya no necesitemos crear futuros lejanos. Vivimos en un futuro continuo.

Aunque entre la citada serie y esta novela hay una diferencia abismal en la forma de afrontar su retrato del presente/presente cercano/presente posible. Mientras que “Black Mirror” aborda abiertamente la deriva más negativa de la tecnología y su influencia en la sociedad, “Rendición” es una fábula plagada de simbolismos y reflexiones capaz de analizar en lo que se ha convertido el mundo sin resultar explícita en ningún momento. Paradójicamente consigue ser el retrato más certero de nuestro tiempo que se ha escrito hasta la fecha. No sería justo limitarse a hablar de “Rendición” como una novela de ciencia ficción y espantar a esos lectores que odian este género, amado por mí. Que no se asusten, no es necesario saber qué es el “Neuromante” para leerla (y disfrutarla) como ya habrán podido deducir. En sus múltiples capas, se aborda la paternidad con una sincera ternura con la que es imposible no empatizar, se analiza como creamos la máscara con la que enfrentarnos al mundo o como ya he dicho, la influencia del entorno en el individuo, entre otras muchas cosas que con gran esfuerzo no desgranaré para no caer en el spoiler y joderle a los interesados la experiencia “a sangre y fuego”.

En definitiva, temas universales integran la trama con naturalidad, haciendo que su eco nos vaya a acompañar los días posteriores a su lectura. Es así como para mí se demuestra la calidad de un libro, si el recuerdo de lo vivido regresa a mi cabeza y con las mejores novelas, a mis entrañas, haciéndome ver el mundo con otra mirada.

Por si los listos de la clase se han dado cuenta, hablé de mis principios favoritos y de un final, que en mi cabeza solo tenía sentido nombrar al final de este artículo, no diré el final de la novela (eso sería una putada) solo el título: “Factótum”

Lo que sonaba mientras escribía este artículo: